El 19 agosto de 2.013, un paro que no existía, echó a andar dentro del alma de los colombianos.

Los que propiciaron la migración masiva del campo a la ciudad, en 1970, habían dicho: “País desarrollado es aquel que tiene tan solo 5% de población rural”. Crearon el UPAC (Unidad de Poder Adquisitivo Constante) y el Tsunami que arrasó la producción Agropecuaria e Industrial, comenzó su fatídico oleaje.

 

Llegó 1.990 y ante el arrasamiento evidente, llegaron sobre un cadáver, unos vivos que cínicamente dijeron: “Bienvenidos al Futuro”, “Apriétense los Cinturones”, “Incompetentes”, “Cobijense Bajo la Ley de Subsidios Americana y Abandonen sus Labores Improductivas”,” Cerremos FINAGRO, Caja Agraria y fortalezcamos Bancoldex”. Todo eso decían y los provincianos y campesinos, lleguen y lleguen en masa a las ciudades, que hoy llaman aglomeraciones.

 

Apertura económica total, dijo ordenando Carla Hills a Rudolf Hommes. Arrinconaron al del 8.000, que decía: “Apertura sí, pero gradual y selectiva”.

 

Cuando comenzó la tragedia importábamos 700.000 Toneladas de materias primas y alimento, hoy gracias a los Chicago Boy o Kínder de Gaviria importamos 15 millones de Toneladas de materias primas y alimento.

 

Se animaron los vampiros y con sus fauces chorreando sangre, en medio de la orgía, dijeron: “Vamos a crear el ALCA. Una alianza de libre comercio para las américas”. Y empezó el despelote.

 

En Davoz Suiza, la humanidad se plantó. Se plantó en Seattle y en Miami; y el ALCA, cayó.

Llegaron los TLC’s llenos de bendiciones, según ellos. Y entonces ¡PUM! Catatumbo, Cauca, putumayo, Caquetá, y quien lo creyera, 19 de agosto de 2013; Boyacá, Cundinamarca y Nariño. Nueve muertos, 45 heridos, 1 desfigurado, mas cientos de golpeados y gaseados, se unieron como víctimas, al rosario de dolientes que la economía del mercado ha dejado a lo largo y ancho de este país. Ese fue el Culmen de la violencia.

Por eso afloró la sociedad rural del campo y la ciudad, con bloqueos y cacerolazos. ¡Sí existíamos! No nos habían logrado matar a todos.

Al aflorar, lo hicimos pensando en nosotros. En nuestra quiebra. En el dolor de nuestras familias. A nuestro grito de dolor, se unió al grito de dolor y desespero que venía de Catatumbo, del cauca y del putumayo. Fue oído por los campesinos que hoy viven en las ciudades y que hoy son nuestros sobrinos, hermanos, nietos y se levantaron.